LOS SIGUIENTES

Por Julieta Libera

LOS SIGUIENTES, de Pedro Simón, Editorial ESPASA

La historia de Antonio y sus tres hijos Carmen. Darío y Gabriel.

Tres distintas historias que nos atrapan desde el primer párrafo.

¿Es posible vivir con tanto rencor? ¿será posible que se nos olvide quiénes nos dieron la vida? Un accidente provoca una avalancha de dolor. El tormento de la culpa, el distanciamiento, la rudeza de las palabras y el desear que todo se resuelva mientras la vida nos alcance.

¿En qué momento los hijos se convierten en los padres de sus padres? Algunos les dicen cuidadores, otros, sólo mencionan la palabra AMOR.

¿En qué momento la demencia comienza a borrar todos los recuerdos y el andar se vuelve lento? ¿Es la mejor opción dejar en una casa de descanso a nuestros padres? ¿Nos convierten en buenos hijos o en malos y desagradecidos? ¿qué tan cierto es aquello que primero está nuestra estabilidad emocional y mental?

Antonio es un hombre viudo que vive solo después de la muerte de su amada esposa Carmen. Vive con la culpa de no haber podido ayudarla a sanar el dolor que le provocó el accidente casero de uno de sus nietos, quizá el nieto más esperado. La felicidad se puede ir en un santiamén y una sola acción accidental puede aniquilarlo todo.

Sus tres hijos toman la decisión de cuidar a Antonio después de percatarse que él ya no puede hacerlo solo. Deciden “turnárselo” cada tres meses durante todo el año. Una vez tomada la decisión a Antonio sólo le queda dar la menor de las molestias a sus hijos.

Antonio disfruta de la compañía de su hija Carmen pero siente que le corta su libertad. Sabe que sólo es amor y preocupación y por eso le pide tomar su medicina a la hora indicada, que se alimente correctamente. Ama la presencia de su primer nieto, Hugo, sano y feliz. Su rostro se ilumina cada vez que lo escucha y lo mira jugar. Muy al contrario de Hernán, hijo de Gabriel.

Darío, su otro hijo, tan distinto, libre, sin nada que perder y con todo que ganar. Lo cuida y lo mima, al igual que Carmen, vive con él cada tres meses durante el año. Se siente bien, miran la tele y en su departamento puede tomar café y golosinas. Camina quieto, tranquilo, sin prisas. No se siente presionado ni viejo. Sin embargo para Antonio es casi un castigo pasar tres meses con Gabriel, éste lo ignora, lo condena al silencio, lo ahoga en la culpa e indiferencia. Para Gabriel no existe el perdón ni el olvido, ¿y si supiera la verdad de aquella tarde? ¿cambiarían las cosas? ¿el castigo sería distinto? ¿volvería amar a su padre? ¿Le permitiría vivir a su lado con pleno amor?

En la infame lucha de lo que es supuestamente correcto pero tan sólo se trata de simple egoísmo, Antonio es puesto a vivir en una residencia para adultos y en ese lugar por fin puede escapar de una realidad que duele. Si pudiese cambiar las cosas, ponerse en el lugar de su nieto Hernán, ¿Gabriel lo volvería a amar?

Esta novela está construida por experiencias y duelos de otros, te deja un nudo en la garganta, y sobre todo te hace reflexionar acerca del amor y del olvido, del perdón y de la resiliencia.

El amor que un padre le tiene a sus hijos es infinito, puede mover montañas, vaciar mares y detener terremotos. El amor de una madre es claro, bondadoso, tal como un padre, una madre pueden crear milagros.

Les invito a leer esta novela, créanme que vale la pena.

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