La Tumba de Osiris VII

Por Lenin Rojo Curiel

Anarquista- No comprendo que N pudiera ser otra cosa que fuego. Todos los fuegos. Desde el fuego bienhechor donde ensoñaba y aprendía la doctrina anarquista hasta el fuego purificador del incendio brutal y provocado que se refleja en tus ojos.

Por el fuego la naturaleza y los dioses se renuevan. Fuego inconsistente, a fuego lento, fuego desatado, fuego en llamas. Fuego que purifica, fuego que parece juego, juego que juegas con fuego. Las transformaciones más radicales que he atestiguado, no las he podido registrar, lo confieso, en las sociedades ni en las masas, las transformaciones siempre han sido individuales y por el fuego.

El hombre enfrentado al fuego o se derrite o se lanza. O se acobarda o se eleva y se atreve. Si quieres saber cómo es alguien obsérvalo a la luz del fuego.

XXX

Capitán- Soñé con una estrella de mar ardiente y nocturna y soñé que ahí te encontraba. ¿Y sí en vez de buscar en los puertos, te busco, en el mar, en su fondo?

Dadme una noche oscura, una noche inmensa dónde buscar, una noche sin Luna.

Volví a soñar con esa estrella de mar en fuego encendida.

Sin abrir los ojos sentí el suave paso de tu pelo en mi nariz, y abrí los ojos al despertar de tu olor, del olor de tu cabello.

XXX

Arquitecto- Sí algo tenía de original, era ese afán suyo de pesar la noche. Así aprendí que la noche es caliente y obscura, cercana y no distante y fría.

El peso de la noche se prepara como un café. El peso de la noche es como N; un disfraz que se revela tanto o más perfecto que el propio rostro. Decimos seres de la noche, como reconociendo en lo nocturno una vocación de inquietud. Probé su sangre, bebí de su muslo herido, y reconocí, al hacerlo. Mi vocación, seré su arquitecto.

Soy una de esas raras personas, creo, que han tenido la suerte o la desgracia de encontrar dentro de su profesión, su vocación. Los arquitectos ya han sido definidos como esos seres egóticos para los cuales ningún espacio es verdaderamente significativo hasta que lo sea a su manera.

Además, al día de hoy la arquitectura es esa forma vanidosa, antiecológica y criminal con la cual perpetúan los hombres, su inevitable agresión a la naturaleza.

XXX

Capitán-Las aguas y sus elementos han comenzado a murmurar. Sé muy bien el peligro que representa escucharles. Pero es verdad, las aguas cantan. Había ya escuchado estas leyendas de boca de marineros viejos.

Nunca les di demasiado crédito. Porque el mar cuenta tantas historias, que a pesar de tener un oído fino hay que tener una intuición, para distinguir cuales son verdaderas y cuales son imaginarias…

XXX

Torero- El desamor tiene un nombre: pesadez. Es una piedra que cae filosa y vertical en un corazón oscuro y en aguas negras, por profundas. El desamor es amargo, más amargo que el chocolate amargo o el café. Es un cuchillo radiante que busca una y otra vez el corazón del corazón.

El desamor es niebla y frío y una distancia artera. Es piedra de agua negra que corre río adentro y nos amarga. Es un agua seca que reseca porque el desamor quiere nombrarte para matarte. El desamor no es una muerte sino más bien una larga, inquieta, agonía.

Al toro del desamor lo reconcome su impaciencia. Con el desamor te cito en un duelo, tú, toro. Los muertos del desamor siguen vivos, a los muertos vivos nadie los entierra.

El desamor es un tufo y allí donde aparece se caen las flores del amor, los labios se aprietan, la nariz se vuelve hacia a otro lado. También el amor no es miopía, es tortícolis.

El desamor es este pan de tierra con el que me como tú ausencia. Es una fiesta interrumpida y macabra. Es un ácido que corrompe, hasta que llega, no al hueso, sino al delirio, y después se decanta en lúcida, implacable conciencia.

Cuando el desamor ataca ni los tigres, ni las cuevas, ni las hormigas se salvan. Y como te asfixia no hay oxígeno que salve. Cuando se empeña en seguirte, se adelanta a tus pasos y no se queda en tu huella.

Porque el desamor es seco me lleva a los toros o al mar. Y porque no es sólo tu ausencia, pero sí es culpable por qué no tiene brújula y ataca a los cuatro vientos. Donde el desamor atacó el veneno se quiebra infiltrándose, colándose, poco a poco hasta formar costras horribles, sonrisas destempladas, miradas lastimosas. Porque el desamor es más obstinado que el amor parece una venganza.

Tepoztlán, Mor, México, 16/ V/2026

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