Por Lenin Rojo Curiel
Diana o Artemisa para los griegos, es la diosa de la caza y guardiana de los bosques, cuyo símbolo es la Luna creciente y su animal totémico son los ciervos. Virgen ella misma y protectora de las vírgenes. Recorre sus dominios con sus ninfas, y al caer la tarde, agotada, decide darse un baño en su casi secreta gruta.
Acteón es un noble cazador de la Casa de Cadmo, hijo de Aristeo y primo de Semele. Fue educado por el mismísimo Quirón también maestro de Aquiles. Un día sale a cazar con sus perros. Y Ovidio cuenta que, por accidente, este eximio cazador ha llegado a una parte desconocida del bosque y al escuchar un murmullo de agua descubre una gruta desconocida y al apartar un velo le ha sido dado contemplar el baño de Diana.
Diana es deiva*, diviana; la que es pura; lo descubre, enfurece y toma lo primero que tiene a mano -que es agua- y la arroja al rostro del transgresor, dirigiéndole unas terribles palabras: “Ahora, te está permitido contar que me has visto desnuda”.
Enseguida, Acteón se atraganta y siente como le crecen los cuernos y las extremidades se le alargan con tremendo dolor. Aterrorizado huye a lo conocido, que es donde se encuentran sus perros. Estos, al no reconocerlo, le atacan, lo muerden y se lanzan en su persecución.
Huye empavorecido, y por más que declama unas palabras, solo salen gruñidos, y por más que trata de hacerse reconocer por sus perros, huye y finalmente es despedazado por sus canes.
Sólo entonces, “La que espera” queda satisfecha.
XXX
“Un Mito recibe su animación de un Misterio” Edgar Wind
El misterio, en este caso, lo enunciamos así: El mundo no es impune. Un niño corre hacia la flor más bella del bosque, cuando está a punto de arrancarla, lo pica una viuda negra.
Ésta había tejido su nido a la sombra de la flor.
El misterio, en este caso, habremos de enunciarlo así: el mundo no es impune. El mundo es fragmento, cicatriz, traición, ausencia.
El mundo griego no ignora que todo acto, en el fondo no es inocente. Edipo, Electra, incluso los actos de los Dioses están sujetos a la infame injusticia. Prometeo, roba la luz a Zeus para entregarla a los hombres y paga un alto precio.
Anterior a la idea de pecado cristiano, donde siempre hay culpa, y para limpiarse hay un asqueroso arrepentimiento, y una muy dudosa salvación, subyace el sentimiento trágico de la vida, propio de los griegos, y este es un sentimiento de fatalidad; donde el infractor sabe que cualquier acto está condenado de antemano.
Puesto que la existencia, para serlo, debe pagar el precio. Y no, no hay salvación y la condena por saber, conocer, palpar un misterio está ahí, expedita, infalible.
La ley de los Dioses es así; caprichosa. Y sí, hay faltas mayores, una de ellas es la hybris; el orgullo desmedido, que quiere medirse con los Dioses e incluso intenta superarlos. Y la otra gran falta es la ignorancia. Hay otros ejemplos donde la ley o el capricho de los dioses actúa sin advertencia y como al azar. Aunque la fortuna no sea sino otro nombre de la fatalidad. Y este podría ser el caso de Diana y Acteón.
La Mirada Prohibida
Al trasladar al psicoanálisis este mito, Lacan lo vuelve un caso. Este cambio de palabras es decisivo. Ya que convierte al héroe en un paciente.
Postulado de Lacan
La mirada mancha. El ojo representa el órgano con el que creemos controlar el mundo. Pero la mirada es “aquello que descubrimos se nos escapa en el campo de visión, funcionando como la causa del deseo “.
“Tú me miras desde donde no te veo”
Y es que cuando nos percatamos que somos mirados por el mundo, ese sentimiento nos descoloca. Al mostrar nuestra insignificancia y vulnerabilidad. A ese fenómeno le llama mancha, tache en francés. Entonces, la primera falta de Acteón es pretender ver, sin ser visto.
Para Acteón, el encuentro con Diana, es el encuentro con lo Real. Aquello que escapa a todo simbolismo y lenguaje. Pero no a la representación de ese misterio, digo yo, y dicen los pintores que lo han meditado.
La transformación en ciervo, es, para Lacan, la pérdida de la identidad. Pierde sus palabras y su status de sujeto hablante. Queda reducido al silencio, a un cuerpo puramente biológico que sólo emite lamentos inarticulados.
Los perros de caza son para Lacan los propios deseos y las interpretaciones del sujeto al ver a la Diosa. Acteón se convierte en el instrumento del goce del Otro-lo indecible- siendo condenado a ser devorado por sus propios perros, lo que simboliza como “el exceso de verdad y el deseo desbordado destruyen al sujeto”.
Los perros- psicoanalistas – representan los estragos de perseguir la verdad de manera desbocada, devorando al sujeto por sus propios impulsos y locuras.
Una flor incontenible
Desde el principio, y cómo no, tratándose de griegos, hubo otras versiones sobre el Mito. Incluso en alguna de esas versiones, Acteón fuerza el cuerpo de la Diosa Virgen, lo que explicaría y justificaría el consiguiente bárbaro castigo.
Y en alguna otra versión, se planta la sospecha de que la falta del espléndido cazador no se limitó a una sola ocasión. Y, a partir de ese momento, Acteón sería el primer voyeur de la historia.
Además, prefiero esta hipótesis, porque descarta la idea del accidente.
Un cazador de esa categoría es alguien de respeto. Tiene la gran virtud de la observación y la paciencia. Su disciplina, su absoluta identificación con la presa, en las reglas cinegéticas se desarrolla una enorme consideración hacia el sujeto para que no se convierta en objeto. Justamente para no cometer asesinato el cazador ha de convertirse en la presa. Entonces, sí una vida se sacrifica algo permanece sagrado; las mejores partes se ofrecen en holocausto.
No hay crimen, sólo equilibrio.
El cazador, primero, hubo de escuchar y descubrir un fugaz cortejo, otro día se acercó al lugar y los vio pasar, y aquí tal vez identificó a Diana, siguió algún rastro y pacientemente, descubrió la gruta. Con audacia contemplo lo infinito volverse finito – el baño de la Diosa- Artemisa no sólo es la Verdad es la Belleza Viva. Y él se promete atraparlo en una red de palabras infalibles.
Por desgracia, resbala y es descubierto. Sabemos que las palabras se le atragantan y sucede su sacrificio.
La maldición” ahora podrás decir que me has visto desnuda” es aprovechado por la pintura por medio del artificio de reducir lo infinito y vivo a lo limitado y artificial.
Es, además, la coartada perfecta para que príncipes, reyes y pintores, hayan compartido su desenfrenado voyerismo. Y hay que admitir que ellos tenían una ventaja, ellos veían su Deseo Manifestado, donde hoy vemos un síntoma.
La única manera de invertir la maldición de ver un síntoma, es percatarnos que la Pintura se fecunda en este caso con la contemplación de lo Prohibido.
Y para mí, torpe cazador, es fácil adivinar las palabras que se quedaron heridas en la garganta de Acteón.
“Te vi y estabas tan hermosa, tuve doble suerte y al día siguiente descubrí tu lugar sagrado, y te vi de nuevo, el mañana, si hay mañana, guarda un sol seguro de ser opacado.”
* Deiva significa «brillante», «divino» o «la divina», y suele usarse como nombre propio. Nota del editor


