La Tumba de Osiris VIII

Por Lenin Rojo Curiel

Arquitecto- Planeo pues una venganza minuciosa, construida. Un lugar amable pero inhabitable. Un lugar vergonzoso donde toda nuestra tremenda fragilidad quede expuesta. Un lugar filoso como espada de samurai y tan hermoso como ella. Un lugar para ser abatido se tienen las suficientes alas. Un lugar antiguo, como para ser tremendamente cruel o altivo. Y ojalá también un lugar desde el cual puedas ver que en tú vida las cosas no deben ser aplazadas. Un lugar como un águila, enorme, indiferente, inhumana. Creo que sólo por medio de lo inhumano podré sino tocarte; al menos señalarte. Un punto de acupuntura en la tierra desde el cual quiera llamarte la tierra misma.

Arquitecto- Ya muchas veces se ha intentado este asalto al cielo en arquitectura: Torre de Babel, Pirámides de Gizeh, Taj-Mahal, Teotihuacán; quiero decir que me parecen monumentos a lo inhumano en nosotros. Hitos para señalar lo sobrehumano. Señalamientos, direcciones, atisbos, por aquí; por aquí paso el Espíritu.

Un lugar, pues, para sentir el muñón de las alas, un espacio desconsolador, no un sitio de ausencias sino uno para lanzarse desde la nostalgia. Una nostalgia vertical, una

que nos haga lanzarnos al vacío, un lugar de melancolía, seca, loca.

Mi espacio, mi meticuloso hueco, ya lo dije, es una venganza. Una venganza no es contra todos, es personal. Contra algunos: contra los que empiezan y a la corta les da miedo y lo aplazan, contra los que sienten y pervierten su sentir, postergándolo, negándolo. Contra los que saben y se venden, empequeñeciéndose. Contra los que sienten la belleza y no son incapaces de seguirla. Contra los que se saben mortales, y se alquilan y aniquilan su intuición y su tiempo. Inmortales. Contra los que intuyen y no se deciden.

Imagino una construcción roja y azul, gradaciones de espacios que te envuelven como Salomé en su danza, espacios hipnóticos, espacios que se desnudan unos a otros, y sin embargo siempre quedan velados y anhelantes y nos proponen otro espacio y luego otro más.

Así, de un espacio sediento a la sed del espacio puro, para, al final intentar lo imposible y lograrlo. Convertir el espacio en instante y luego en unas maravillosas horas o segundos el tiempo y el espacio se unen en ese lapso rojo azul, pleno, redondo, voluptuoso, heridor como pocas cosas

Soy exigente, tendré éxito cuando haya conseguido mi primer suicida en ese continuo espacio tiempo y me propongo ser el primero.

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Anarquista- Fuego sobre fuego, la destrucción tan anunciada, el tan esperado holocausto. Y mientras contribuyo a acelerar el proceso. También al amor se le puede medir con el rasero del fuego. Amores quemantes o amores tibios, amores de agua-ardiente , amores de atole. La vertical del deseo o el deseo en picada no tienen el mismo signo de fuego. Pero es con fuego y por el fuego como se miden. No dejes que se te tueste ese amor. Y no es lo mismo bautismo por fuego que por agua. Y para nacer no sólo habría que romper un mundo, sino también quemarlo.

Y ya sabemos que los mejores se forjan en fuego. Así la mejor parte de nosotros ha de ser probada una y otra vez en la forja; del rojo vivo al rojo blanco. Fuego tras fuego te sigo las señales de humo marcan tu paso por el mundo.

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Si me levanto sin haber despertado todavía, ¿cómo hacen los mudos para llamarte? El agua no llega, el fuego no alcanza, la tierra es una flecha que se dispone a alcanzarte, el aire, el aire vertical y puro. Tu patria esta ahí, en la altura del aire, donde el agua se ahoga, donde el fuego no llega.

No busco el fuego por el fuego, sino el fuego que se refleja en el ojo. Tampoco cualquier ojo, tampoco cualquier fuego. Éste, se supone, es la marca de lo divino.

Sin embargo, para un anarquista es el símbolo de lo humano: por el fuego dejamos atrás una edad prehumana, y nos volvimos hombres envidiados por los dioses.

Por el fuego un día el hombre remontará el vuelo hasta el sitial de su creador- y verá si alguna vez hubo tal- y por el fuego, su trono y dios se tornarán un nuevo asiento para el hombre. Por el fuego ese asiento será también un mojón en el camino que señalará que donde antes hubo dioses para adorar hoy existen hombres que no necesitan ser adorados.

Hombre, ponte de pie frente a la nada, toma el fuego nuevo, yo te bautizo, no con el agua femenina, ni con el viento traidor y convenenciero, no por el barro del cual venimos, sino por el quemante fuego, que reivindica. Si el hombre ha de ser algo que sea una inmensa hoguera.

Quema los puntos de vista y los puntos de fuga, quema los campos y los tigres, penetra en las cuevas y aún en las pesadas rocas; como enseñan los budistas si encuentras al Buda, mátalo. Sí encuentras a Cristo, quémalo quema a Krisna y a los Profetas. Al fuego todos los dioses y las diosas, no te hinques no adores, no te humilles, quema tus cadenas, a ti y a tu afeminada autocompasión, quémate al fuego, después hablamos.

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Mi hueco, mi minucioso espacio, mí muñón de las alas, mi edificio trampa, deberá contener espacios preciosos repletos de tiempo, tiempo fáustico, tiempo magnífico de tal modo magnetizado por un espacio único, de tal modo que el ser humano que lo perciba quede definitivamente atrapado.

 Un espacio para precipitarse, sólo aquellos de potentes alas tendrán la presencia de ánimo suficiente para despegar.

Volar o ser abatido, precipitado, al más hermoso abismo. Imagino un lugar de por sí inaccesible como condición. todo ha de ser callado, bello, cansado, abrumador para que la mayoría no llegue a las últimas cámaras de espacio-tiempo comprimido. Inútil, esa será la palabra clave. In-útil. Un espacio para morir o desaparecer.

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Sirio-Sobre los cuernos de los Toros son llevadas esferas de magos, que traen en sí el poder adivinatorio: pasado, presente, futuro se reflejan en estos mapamundis: Corno mundi.

 Un poco de sangre, un mucho de niebla, un poco, muy poco de tiempo, un mucho de sueño y ya tenemos amasado un hombre.

 Vista así la vida humana no es ni vana ni alegre, pues mientras existimos somos devorados por el pasado: nuestra niebla, o por el futuro, nuestro sueño; sin embargo, nuestro presente puede y ha de potenciarse ya que el presente no es sino la flecha sobre el arco tenso del pasado y el futuro. El instante redondo, la hora plena. Así el cuerno se transforma en arco.

 Desde la mirada del toro la vida humana es un puro espanto: reconocen desde su mirada sin tiempo, la pasión asesina y el reflejo exasperante del transcurrir, su gemelo, en la mirada humana.

 Es curioso que el hombre sea tan consciente de sólo una de las cuatro condiciones antedichas; sangre, niebla, tiempo y sueño. Y pretende retener de éste- el tiempo- lo que menos importa, la duración.

 El hombre, que lo pervierte todo, ha logrado engañarse hasta el final y se ha mentido duradero contra el tiempo, pretendiendo anularlo; el cielo eterno o la condenación por los siglos de los siglos, el ciclo de las reencarnaciones.

Pero no, la pretensión de durar es una perversión del hombre en el tiempo.

En el ser humano no tenemos en realidad duración sino intensidad.

 Eso es todo lo el hombre que se puede ser; un minuto incandescente. Por lo demás no podrá evitar el destino común; un hombre de tiempo, un hombre que sangra, un hombre que sueña, un hombre que niebla.

 La Tezcalera- Tepoztlán, Mor. 26/ VI/ 2026

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