La Bella Muerte

Por Lenin Rojo Curiel

Lo que es grande en mí, es más grande que yo mismo

El índice apunta al bisonte como una promesa que en la cueva nocturna embarra y dibuja; es decir aparta del mundo, circuncida al bisonte; lo sentencia.

Con un rojo conjuro acaricia, convence y detiene su espíritu y su vida; a mano limpia. En el momento preciso cae la presa. La mano triunfa.

Sin embargo, la esencia del arte es el fracaso de la mano que señala a la luna pero que no puede atrapar a la Luna misma.

A pesar de todo, hay quienes se han acercado lo máximo posible. En la tradición taoísta hubo un artista, el cual, navegando en un lago estuvo a punto de capturar el paso de La Más Bella cuando-en su borrachera, coincidió, al asomarse en el preciso momento en que la Hija de Tláloc se retocaba ligeramente su blanco maquillaje, usando la profundidad del lago, como un espejo modesto lo que para ella es nada más la serenidad de un charco.

Sabiendo que ha tenido una revelación más grande que la epifanía de contemplar el baño de una diosa, con su ligero pincel atrapó la luz y la contuvo; lo infinito en lo finito, lo invisible en lo visible, lo desmesuradamente grande y lejano encerrado en lo íntimo y accesible. Lo magnífico y lo deleznable encerrados en una nuez.

Para captar ese instante prodigioso se convirtió en instrumento del demonio que lo habitaba y logró rozar, con su pintura, la majestad, el júbilo, la seducción.

Consiguió robar el instante que pasa sin afán y como al descuido. Mas por ese logro y por esa sed de absoluto captado de una vez, morirá ahogado, queriendo en su ebriedad, atrapar con su cuerpo otra Luna, esa sí, inmensa.

Tepoztlán- la Tezcalera Cuaxoxoco 26-01- 2025

Deja un comentario