La Tumba de Osiris IV

Por Lenin Rojo Curiel

En el reino mineral mi nombre sería Alejandrina; la piedra que cambia según la persona, el día, el humor: la que sabe mentir, la que se refleja en amatista y se esconde en rubí.

Alejandrina, la de los dientes azules o rojos, la del espejismo amarillo violeta y la heredad de la piedra, la ciudad inversa.

La de una promesa falsa y otra verdadera. De ser una piedra y de ser una Alejandrina ¡Soy la que más mentiría!

 Cualquier reflejo en mi sería ciudad.

XXX

 Estoy vegetal me digo un día, lo leo en mi horóscopo, este día sé que no seré apio ni perejil, seré la reina de los vegetales, seré una Orquídea mitad hongo mitad flor.

 Orquídea la de las piernas violeta, la de la prisa, la del perfume como una bufanda de seda que te envolviera, te acariciara suavemente el rostro, para luego desaparecer, la de la risa suave y mirada verde y ajena.

 La de quién viste en la puerta, la amaste en un quicio; entre dos suspiros, entre al rato nos vemos y nunca nos volvimos a ver.

Orquídea, la del tango, la de los besos siempre apetecidos y nunca saciados; la de la muerte azul y prematura, odiosa muerte nunca perdonada.

 La del perfume que ensueña, la de la brisa, la del sobresalto en las tardes doradas de lluvia cuando recordamos súbitamente lo que somos…y nos estremecemos.

XXX

 Isis- Tengo en un plato tu hígado y tus ojos, en un cofre tus riñones y tus oídos: amablemente conservados tu bazo y tu páncreas justo al lado de tu tacto.

Sé dónde se encuentran tus pies alados, que muy pronto me darán la pista de tu divino sexo: la pieza central.

XXX

 N- Y cuando imagino tu cuerpo, sólo con imaginarlo, ya sé que lugares no conoces de ti, lugares de delicioso espanto, recodos inesperados donde una caricia se hace más lenta, indescriptiblemente nueva, como esa sonrisa que tú no conocías de ti.

Con sólo imaginarlo puedo hacer que todo mayo corra en ti, todo sol, todo incendio, sequedad, todo revuelto en una luna roja inmensa un nudo que los amantes no pueden dejar de honrar. Atados en sonrisas, libres de promesas.

 Isis- Cuando supe que te buscaba, que detrás de los ruidos del mundo había algo que sólo esperaba ser despertado como una promesa antigua; cuando fui recogiendo las partes de tu cuerpo lentamente en un falsete que sólo podía ser a propósito: nunca dude que encontrarte tendría sentido.

 Paso a paso he descubierto que es en mi cuerpo donde se lleva a cabo el rito de encontrarte. A pesar de los pantanos hediondos que cruce nunca dude que te alcanzaría.

XXX

 Voz – La mayor parte de las mujeres de la vida, claro está cambian sus nombres. María por Helena, Elena por Ruth, Camelia por Brigitte. Pero todas o casi quedan atrapadas por aquello de lo huyen. Como ésta nueva denominación quiere ser un pasaporte al olvido termina sonando a moneda falsa. Y a nadie le importa. Aunque muchas veces se paga con sangre.

 En cambio, ella había logrado pasar la prueba del tiempo exacto, la duración precisa en que un nombre nos presta su poder y después se agota o nos agota.

 Meridiana de noche media noche de día.

Esto quiere decir que aprendió una ciencia tan precisa como el canto de los pájaros: un ronroneo antiguo y húmedo

como el del gato que sólo se reconoce en su capricho.

 “Un nombre debe durar lo que un capricho”- le comentó un día a su mejor amiga y ésta lo registro.

XXX

 Isis- Aquí tus manos, cárceles que me liberaron la espalda y las alas, allá tu torso, este tenía tu corazón y hube de arrancárselo.

 Es curioso cuando arrancas un corazón, es tan certera la exigencia del golpe que la persona sigue caminando por un buen tiempo- algunos han llegado a admitir que es mejor y más práctico vivir así- hasta que un día descubren la fatídica verdad. Al abrir la compuerta que tenemos en el pecho para reconocer algún sentimiento perdido; advierten que su corazón y sus latidos ya no están.

 El único problema es conservar el corazón en latencia, lo he conseguido: es el necio corazón de un poeta.

La tezcalera Tepoztlan Mor. Cuaxoxoco

25 /II/ 2026

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