La Tumba de Osiris II

Por Lenin Rojo Curiel

Testigo -Desde que conoció el amor nunca ha vuelto a intentarlo. El amor, o esa parodia pequeño burguesa, del soy tuyo, eres mía. Tenemos hijitos, y me convierto en una arpía sublunar.

Voz -Los nombres eran como dictados. Las transformaciones que los acompañaban eran tan completas y temerarias no como una máscara que se porta, sino como una transformación, la que provocan los bisturíes que separan pero no dañan la carne. O mejor, que por medio de un daño provocan una cura. ¿No era eso el amor al fin y al cabo?

Pronto descubrió en los cambios de la posibilidad de liberarse del amor y al tiempo encontrar algo distinto. Y más profundo. Lo que al principio era un miedo en la boca, un miedo que no dejaba pasar los besos, después se convirtió en un impulso irresistible en la sangre.

Ella -Cuando pruebas a disfrazarte lo más seguro es que descubras quién eres, aunque ¿lo sabe alguien de verdad?

Cuando te atreves a disfrazarte, cuando te atreves con tus gestos, respiración, poses, gracia. Cuando te finges tan perfecta en otra como tu risa, cuando encantas prometes y devuelves lo tuyo en lo de otro, amorosamente encuentras que cada respiración, es, para ti, volver a vivir. Porqué estás en la cuerda floja, en el punto más alto y no hay red debajo. El ridículo es todo tuyo pero también la gloria si lo logras.

Y te atreves

Y lo logras.

Y cuándo has probado respirar altura y has visto tu miedo deshacerse en nada como lo que quedaría de ti si cayeras desde esa altura, desde ese vértigo.

Entonces, estás enviciada y tienes que probarlo otra vez, de nuevo quieres altura y además las ansias son peores.

Y quieres altura.

Te vas convirtiendo en uno de esos seres que no pueden vivir sin profundidad o altura, esos buzos o alpinistas del espíritu; esa gente que tiene que intentarlo de nuevo.

Cuaxoxoco , Tepoztlan, Mor

4pm/15/XII/2025

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