Por Enrique Fortunat D
Hej vänner!
Estamos en la undécima entrega de esta serie y llegamos a lo que fue la sexta edición del Campeonato del Mundo de Futbol.
Tal vez extrañe que otra vez se haya jugado el campeonato en suelo europeo, cuando se supone que tendría lugar en un continente distinto en cada edición. Y, sí, en eso se había quedado, pero ya vimos que luego de Italia en 1934 siguió Francia en 1938, so pretexto de que ahí venía la guerra (y le atinaron).
Recordemos entonces que la edición de 1954 se jugó en Suiza, así que se suponía que para la competición de 1958 un país americano sería sede del evento, pero no fue así.
Ya desde 1947 Suecia había presentado la candidatura para la sexta edición y en 1950 se le otorgó.
Más tarde, los países americanos de inconformaron (supongo que no más para dar lata), de manera que en 1954 se repitió la votación para elegir a la nación anfitriona. Y no se crean que andaba europeizada la cosa, pues se realizó en Brasil la votación y por unanimidad Suecia, que presentó instalaciones y servicios de primera, resultó electa.
A decir verdad, los países americanos no tenían muchas ganas y los que las tenían, no contaban con los recursos para enfrentar el evento, que en cada edición crecía en popularidad y exposición, por lo que requería de una mayor inversión para llevarlo a cabo.
El crecimiento de la popularidad del certamen se vio en la cantidad de países que se inscribieron para conseguir alguno de los 16 lugares en disputa: 53.
Como ya estaba más extendida la afición e interés, por primera vez se hizo una eliminatoria para asegurar la participación de seleccionados de Asia y África.
Todo muy bien, todo muy bonito, muy simpáticos todos, hasta que salieron los problemas. Egipto, Indonesia y Sudán se negaron a jugar en contra de Israel, por diferencias políticas.
Así que Israel tenía el campo libre, pero se decidió que mejor se echara un partidito con alguien para ver si llegaba o no.
En la eliminatoria se dio el caso de que dos excampeones mundiales se quedaron en el camino, nos referimos a Italia y a Uruguay. Los dejaron fuera Irlanda del Norte y Paraguay, respectivamente. La FIFA les ofreció a los excampeones que jugaran contra Israel para tener oportunidad de llegar a la fiesta en Suecia, pero ambos dijeron que no, que mejor para otra ocasión con más calmita.
De manera que el equipo elegido para enfrentar a los israelíes fue Gales y los de la isla británica aprovecharon la ocasión para acceder por primera vez al Mundial. Con ello se dio la novedad de que cuatro países de la Gran Bretaña estuvieron representados: Escocia, Gales, Irlanda del Norte e Inglaterra.
Para beneplácito del proletariado unido, por primera vez la Unión Soviética se presentó en el evento.
Por lo que toca a México, logró calificar luego de darles sus buenas palizas en la primera ronda a Canadá y Estados Unidos. Baste decir que la selección azteca anotó 18 goles en cuatro partidos.
Luego jugó contra Costa Rica y tras vencer y empatar con los ticos, consiguió su boleto. Otra vez lucían bien.
Una vez hechas todas las combinaciones y jugados los partidos, finalmente se conformó la lista de las 16 selecciones.
Por Europa participaron 12 selecciones (10 se clasificaron, más el anfitrión y el campeón reinante, ambos europeos)
Por Sudamérica llegaron tres: Argentina, el infaltable Brasil y Paraguay.
México llegó representando a América del Norte.
Nadie más. Otra vez la representación estuvo sesgada y copada por los europeos.
Así las cosas el balón estuvo listo para rodar el 8 de junio en la inauguración en la que estaría el anfitrión jugando contra… sí, otra vez México.
Antes de eso, la selección mexicana estuvo en Portugal para aclimatarse jugar algunos encuentros de preparación y procurar hacer un papel más digno en esa ocasión. Sucedió que se dio una cena para los jugadores y cuerpo técnico con la finalidad de unir al grupo y levantar el ánimo. Fueron todos, menos uno. El ausente era José Villegas conocido como “El Jamaicón”, a quien fueron a encontrar visiblemente molesto y apesadumbrado. Se le preguntó el motivo y dijo abiertamente que él ya estaba harto de todo eso, de los viajes y de que tuviera que comer comida que ni mexicana era, sin chile, ni sabor, que él lo que quería era ya comer sus chalupas, sus sopes y sus salsas.
Así nació el llamado “Síndrome del Jamaicón” que consiste en un excesivo apego por las cosas del entorno familiar que impide disfrutar o enfrentar cosas nuevas en ambientes que no son los propios. Un asunto que apareció y todavía lo hace (cada vez menos) entre los mexicanos en general en diversos ámbitos y que frena nuestro desarrollo.
Regresando al futbol. En la ceremonia de inauguración en el estadio de Estocolmo estuvo presente el rey de Suecia quien bajó al terreno de juego y saludó de mano a los jugadores de ambos equipos así como al cuerpo arbitral. Muy correctos, educados y bien peinados todos.
Dato curioso: para el volado inicial, desde México mandaron un centenario de oro para “la buena suerte” y sí, sí lo utilizó el cuerpo arbitral (no sirvió de mucho, pero sí se usó). Otro: la porra mexicana estaba encabezada por el popular boxeador Raúl “Ratón” Macías.
Dato no tan curioso: al final del encuentro el marcador indicaba un contundente 3 goles para Suecia y cero para México. Y eso que la “Tota” Carbajal, quien jugaba su tercer mundial y era el capitán del equipo, se lució con varias atajadas en el marco.
Para el segundo partido, México se enfrentó a Gales.
En un resultado que fue histórico se consiguió un empate. El marcado final fue de uno a uno.
Con ello, luego de varias participaciones y de sellar actuaciones lastimeras, por primera vez el seleccionado azteca consiguió un punto en la justa mundialista. Algo es algo, aunque en el siguiente partido los húngaros nos llenaron de cuero al son de cuatro a cero.
Pero lo mero bueno del evento estaba comenzando a ocurrir en otros frentes y ya hablaremos de ello en la próxima entrega.
Va a estar muy bueno, allá nos vemos.


