Por Enrique Fortunat D
Empecemos con nuestro país, platicamos que le tocó a México compartir el único grupo en el que había cuatro participantes. Sus rivales entonces fueron: Francia, Chile y Argentina, en el orden en que los habría de enfrentar.
Así que jugó tres partidos en la etapa inicial, ya veremos cómo le fue.
Los partidos que inauguraron la Primera Copa del Mundo de Fútbol fueron Francia contra México y Estados Unidos contra Bélgica.
Antes de saltar a la cancha, el entrenador de los mexicanos les soltó una arenga en la que habló de la patria, del hogar, de los amigos y hasta de la virgen de Guadalupe. Dicen algunos que el discurso lejos de animar a algunos los puso en un modo melancólico poco propicio para saltar a la cancha…
Además del honor de jugar en la jornada inicial, nuestro país tuvo algunas otras “distinciones”:
Recibió el primer gol que se anotó en una Copa del Mundo, obra del francés Lucien Laurent.
Luego de eso, la selección azteca se lanzó al ataque y en una jugada “apretada” dicen las crónicas, se lesionó el portero francés, por lo que la escuadra gala se quedó con 10 hombres (no había cambios) desde la primera mitad. Lo anterior no obstó para que Francia le atizara otro par de anotaciones a México en ese mismo primer tiempo. En la segunda mitad, los mexicanos continuaron el asedio y consiguieron su primera e histórica anotación en Copa del Mundo en el minuto 70, gracias a Juan “Trompo” Carreño, quien jugaba en el Atlante.
De cualquier manera, los franceses les propinaron un marcador de 4 a 1.
En el segundo partido, los mexicanos enfrentaron a Chile, los chilenos los barrieron al son de 3 goles contra cero.
En su último partido, la selección mexicana enfrentó a Argentina. Sí, desde entonces nos traen de encargo. Los chés se dieron vuelo también y nos recetaron un seis goles contra tres.
En ese partido ocurrió algo histórico: por primera vez se anotó un gol de tiro penal en esa competición. Correspondió el honor al mexicano Manuel Rosas.
Ese gol lo convirtió en el jugador más joven en anotar en la Copa Mundial(18 años 92 días), lo desbancó nada menos que Pelé en 1958, pero sigue en segundo lugar.
Un récord nada grato para el mismo jugador es que fue el primero en anotar un autogol en la historia de los mundiales, ni modo.
Pero no se crean que el árbitro boliviano andaba tímido para eso de marcar penales, en ese partido señaló ¡cinco! Con este partido terminó la participación de los aztecas en esa primera Copa del Mundo. El saldo: tres partidos jugados, tres derrotas, trece goles en contra y cinco a favor.
Para que vean que no hay nada nuevo bajo el sol: en el grupo de México, se enfrentaron franceses contra argentinos. Francia tenía que jugar otra vez en apenas dos días. El delantero francés Laurent estuvo lesionado casi todo el partido por una dura entrada del argentino Monti. El partido fue duro y parejo, hasta que en el minuto 81 precisamente Monti anotó en portería gala. Otro detallito: En el minuto 84 Francia avanzó hacia la meta argentina con clara posibilidad de gol, pero al señor árbitro se le ocurrió pitar el final del encuentro, sí, ¡seis minutos antes de que terminara! Adiós a Francia y Argentina pasó a la siguiente ronda.
En tanto que los anfitriones habían jugado su primer partido en contra de Perú con lo que inauguraron el estadio Centenario ¡cinco días después de que iniciara el mundial! Uruguay ganó 1-0.
En el mismo grupo de Uruguay estaban Rumania. En el partido entre peruanos y rumanos, se produjo la primera expulsión en una Copa del Mundo, el dudoso honor lo tiene el peruano Plácido Galindo. Viendo las entradas de esas épocas y de décadas posteriores, para que expulsaran al peruano debió de haberle amputado la pierna, fracturado el cráneo, picado los ojos y pellizcado los glúteos al rival para que lo sacaran del juego.
Más datos para los masoquistas: resulta que nuestros vecinos del norte también pasaron a la siguiente ronda y a la postre quedaron en el tercer lugar del evento. Lo mejor que ha hecho un equipo de la kafkiana Concacaf en Copas del Mundo… os dejo el dato para que hagan corajes.
No solo eso, sino que la primera triple anotación, o hat trick, como dicen los golbalifílicos, fue obra de un estadounidense: Bert Patenaude, en el partido de EEUU contra Paraguay.
Para no hacer el cuento más largo, a la final llegaron Argentina y Uruguay.
Asistieron al estadio Centenario 93 mil espectadores, entre los cuales se estima que unos 15 mil eran argentinos.
No podía faltar la controversia desde el inicio. Resulta que ambas escuadras insistían en jugar el partido con su propio balón (es verídico). La pueril disputa se solucionó en el mismo nivel: echaron un volado.
Viendo cómo estaban las cosas, el árbitro John Langenus solamente aceptó pitar el encuentro una vez que pusieron un bote a su disposición para salir pitando en caso de problemas.
Ya en la cancha, los argentinos se fueron al descanso con ventaja de 2 a 1, pero en la segunda mitad los uruguayos remontaron y sepultaron las esperanzas de los argentinos por 4 goles contra dos. Lo que siguió fue un tango.
En Montevideo, se intoxicaron de fervor y a la alegría por ganar se alternaba un odio anti argentino que llevó a pasear la bandera de aquella nación en un ataúd que pasearon por las principales avenidas.
En Buenos Aires se dijo que una turba furiosa intentó asaltar la embajada uruguaya y la policía tuvo que repeler a los agresores.
De pilón, la Asociación Amateur Argentina de Football rompió relaciones con la Asociación Uruguaya de Football.
Nos vemos la próxima semana para comentar lo ocurrido en Italia 1934. Se puso bueno.


