La fuga de la luna (II)

Por Lenin Rojo Curiel

Siete horas después, se supo con certeza. La Infaltable había huido al Sur –estuviera eso en dónde estuviera- y definitivamente las fuerzas de tierra y mar y aire fueron alertadas.

Fue relativamente sencillo, pues una vez que descubrieron dónde estaba el Sur resultó que estaba muy cerca, como quien dice en el traspatio y empezaron los bombardeos en Mauritania y en México de norte a sur, para no perderse (Ellos tan sistemáticamente respetuosos).

Veintiuna horas después, se había emitido el siguiente ultimátum:

O la luna era entregada sana y salva y retomaba su lugar en donde debería estar, o se procederá del siguiente modo: Se seguirá presionando a los países traidores que protejan a los fugados para que entreguen a The Moon -así decían a sus legítimos poseedores, ellos, of course-.

Que si no se hacía así, se masacraría sistemáticamente a la población hasta encontrar a los fugados o la calle con una habitación que tenía por entrada una ventana y además que como ya habían limpiado terreno en esas regiones se incorporarían inmediatamente al norte para así saber de una vez por todas en dónde estaban «fuck» -así dijeron-. Y que con este ejemplo reiteraban su posición de que el Sur se convirtiera en Norte y así saber de una vez y para siempre dónde estaba todo el mundo. Que una vez que se encontraran a la fugitiva con su amante, procederían del siguiente y democrático modo:

Esperarían a que La Luna estuviera bien llena y entonces con misiles la partirían a la mitad, le volarían la mitad de la cara, la cara oculta al fin y al cabo para qué sirve si nunca la vemos y que con los pequeños fragmentos que quedaran se convertirían en amuletos a precios módicos (marca Acme Moon) para que todo el mundo pudiera tener su pedazo de Luna y no sólo un egoísta y excéntrico Saharani-Tepozteco poeta, decíase el.

Que el vate tendría un juicio si entregaba a La Bella -tan justo como el que esperaba a Hussein- y que si no, se atuviera a las consecuencias.

Que en la mitad oculta ellos, los aliados, se comprometían a construir una ciudad como Disneylandia pero más bonita, que la luna, no sólo no sufriría por esta operación sino que hasta quedaría más brillante y que pensándolo bien, había que alquilar también el lado visible…

Que esto ocurriría en un plazo no mayor de 14 días a partir de la fecha pues se sabía que ese tiempo tardaría La Inmensa en completarse, estuviera donde estuviera y que estaban decididos a encontrarlos y proceder a lo antedicho.

Atte. La OTAN (Ellos tan atentos)

Las reacciones de la prensa fueron como siempre imparciales, objetivas, ponderando todos los puntos de vista, justas y equilibradas y más tratándose de un bien común. El País, con el filósofo Aznar a la cabeza dijo que qué felicidad que existe a partir de ahora una policía mundial que obedece a un mandato único y que a todos interesa. Qué prontitud de respuesta. Qué legalidad a todas luces. El marco moral de la ONU y de la OTAN se ve engrandecido en los bombardeos sistemáticos a esos dos países bárbaros: Mauritania y México, ahora si en beneficio no sólo de las potencias democráticas, sino en nombre de la humanidad toda.

El Granadino destacaba en primera plana: “Esto no hubiera pasado en Tiempos de Federico»; el Washington Post -destacando la celeridad en el plan de «Destruir para volver a construir mejor”-, «Nuevo programa que se impulsa en todas las intervenciones, sosteniendo el profundo impulso democrático que los Usamericanos llevamos con orgullo al mundo”.

«Será cosa de horas. A lo mucho de días y entonces nada nos detendrá» declara el jefe del comando aliado. Gral. Clark Kent.

En México el presidente Zorrita da la bienvenida a las prudentes iniciativas de los aliados como una respuesta a-los-esfuerzos-de-su-gobierno-etecé-etecé- etecé

Rap:

Todos los que quieren destruir a la Tierra se parecen entre si a gusanos de arena. Dicen que la tierra es mejor con sus hijos y no les importa si no caben los jijos. Todos ellos son y parecen conejos, son todos iguales e igual de pendejos, cada nuevo día le haoon un hayo hablan de amor y del arroz con pollo, quieren más industria y más masas de pobres, qui a la tierra y quieren a la luna pa’ hacerle lo mismo, y darnos por el culo con pan de lo mismo.

La prensa de los gorilatos del Sur disfrazados de gobierno de transición, reconciliación o cambio, destacaban: qué bueno que se había redescubierto -rechazaban la palabra descubrimiento- el Sur. Que unos cuantos bombardeos a países enemigos habían obrado el milagro del redescubrimiento y que ya era hora que a La Luna, esa loca, se le pusiera bola-guardián y cadena, pues qué era eso de fugarse con cualquiera, seguro un fascista comunista y egoísta.

La Bella y su amante han huido al desierto, a dónde más, el problema era que no se sabía a cuál, si al Sahara Oriental o al Desierto de Sonora. Habían huido al desierto por que las lunas o mejor dicho, La Luna, siempre está nostálgica de arena y espacio y porque el poeta no conocía el desierto. Y también porque ¿dónde se puede esconder mejor un amor tan inmenso?

El Sur, donde se lavan fortunas como se lavan pasados, quedan mejor más limpios (los pasados) y planchaditas (las fortunas) como para presentarse a una sociedad decente y norteña. El Sur y La Luna se parecen en que los dos han sido traicionados, vendidos y enajenados por el Norte. El Sur, lugar donde todas las nostalgias se juntan y se revelan. Lugar de la basura y la esperanza, del despojo impune y la resistencia feroz… desesperanzada.

El Sur, capital de tercer, cuarto y quinto mundos, de las maquiladoras baratas, de los tiraderos nucleares, de Las Farmacéuticas asesinas, de los presidentes que entran ricos y salen multimillonarios, de los negocios criminales. el Sur de las dictaduras y las dictablandas impuestas por la casta militar y defendidas por la alta burguesia. El sur de las desapariciones, el Sur de las decepciones, el Sur de las guerrillas y de los asesinos en su nombre, el Sur de los paramilitares de la injusticia y de la explotación eterna. El sur como una promesa o unas vacaciones. El sur, el sucio, desalentador, maniqueo y siempre rebelde Sur… el de los locos, el de los niños….el de La Luna.

El extremo poder, la extrema ignorancia, son hermanas casi gemelas, para comprobario aparecen a diario cadáveres de poetas por todas partes y asi se comprueba una vez más y por los medios más exóticos que el camino que va al amor y que el camino que va a la muerte, son hermanos gemelos pero no idénticos. La frenética ofensiva otanática estremece pueblos y aldeas, arrasa a su paso puentes, animales, sembradíos, sin respetar templos, telefónicas, edificios chaparros o altos, viejos, niños, sueños, perros, todo es parte de una orgia de muerte justificada por la desaparición de La Tachonada de Estrellas.

Seguro y determinado como el filo del arma ritual, certero como las palabras que nunca debieron pronunciarse y se dijeron, mortal como el enemigo que sabíamos acechaba detrás de la sombra, lúcido como los diagnósticos correctos indescifrables, con los que el destino nos abruma.

¡Sé que voy a dejarte!

Para que vuelvas a ser satélite de un planeta perdido y loco que lo es más sin ti, para que los hombres te maltraten y renieguen de ti cuando escuchen el gallo…

Siguieron pues los hombres y su alianza otanática destruyendo países, levantando piedra sobre piedra y volviéndola a tirar en su búsqueda de La Hermosa.

Lo que nunca sabremos, es qué tanto se perdió con tanta destrucción y tanta matadera como hicieron todos. Sabemos que casi a diario se inmoló a un poeta. Estos, fueron perseguidos como animales salvajes pues cada quien creyó que era el vate de lugar el que podía haberse raptado a La Hermosa. Así, los asesinatos de poetas se pusieron a la orden del día, no sin cierta justicia- hemos de decir- ya que las personas volvieron a presentir que aquellos que tenían el poder sobre las palabras debían pagar por el crimen que uno de ellos habían cometido.
Como perros rabiosos los poetas eran sacados de sus casas y después perseguidos a palos por calles y corredores hasta que por fin, exhaustos, eran lapidados por multitudes furiosas o abogados y martirizados hasta que también, de sus labios se escuchaba la triste verdad ellos no sabían nada o tanto como todos de la huida de La Bella. Y en verdad ¿para qué sirve un poeta que sabe tanto como los hombres? Así pues, digo que habla cierta justicia en esas persecuciones, cierta lógica y cierta grandeza pues un poeta siempre ha de morir por una causa más grande que él mismo y así tener su parte de grandeza.

Los que no sabían ni para dónde hacerse eran los mauritanos del Sahara Oriental ni los mexicanos del desierto de Sonora. Ellos fueron así masacrados en caliente en colectivo y anónimamente, para ellos ninguna grandeza… simplemente fueron parte de bombardeos de «buena fe» y hoy está prohibido siquiera hacerse cuentas de cuántos pudieron haber sido.

Nunca sabremos qué fue lo que la hizo regresar al cielo. Sólo sabremos que volvió y nunca fue la misma. Debido a esa inestabilidad de la Señora de los Ritmos que no volvió a serlo nunca más fue que los aliados otanáticos decidieron hacer a la otra luna, la puntual, y lanzarla al ciclo. Y es esa la causa de que hoy existan dos lunas en el cielo.

La Luna del Norte, puntual, correcta, siempre atenta y computarizada al servicio de los hombres del Norte, compresiva y cálida como una computadora, eficaz como un servicio que da la hora, hoy se puede visitar y pasar un «domingo fabuloso» dicen los que la visitan pues en primer lugar, está hueca, es toda de silicona y plástico, llena de micro-chips y bombas atómicas listas para ser arrojadas desde una luna perfecta a cualquier lugar de la rebelde Tierra.

Y claro, existe la loca del Sur -la luna que volvió de su amor y volvió loca-, la que no se sabe comportar la que de pronto aparece vestida de lujo y se queda 6 o 7 días llena, con el consiguiente desbarajuste de las sureñas mareas los gritos interminables de la naturaleza, los perros que vuelven a ladrar incansables y locos, La Loca que desaparece de repente durante días y noches hasta el punto de que creemos que ha sido raptada de nuevo, y de nuevo vuelve a aparecer pero ahora por el Norte desquiciando todo lo que queda por desquiciar y otra vez se comporta como el que anda buscando y no encuentra. O la luna loca que se pone a acomodar estrellas en el cielo y entonces se va y nos deja y cuando creemos que el flujo de las galaxias se la ha tragado vuelve a aparecer con una diadema de estrellas nuevas, de cometas, de polvo de otros mundos y vuelta al Sur a padecer inundaciones, polvo en el desierto, suicidios rituales, insomnio-

Amén, claro está, que de vez en cuando nuestra Luna Loca del Sur arremete contra su hermana del norte, la plastificada, con el consiguiente desorden en todo el planeta. La verdad es que eso no molesta a los científicos del norte, al contrario los estimula para volver a perfeccionar sus satélites y con el tiempo, nos aseguran, que tendrán una luna perfecta, un satélite imperturbable a los caprichos de su vieja y loca hermana.

Por supuesto, el norte ha ofrecido una y mil veces destruir o desterrar a esa loca y poner otro satélite tan perfectible como el de ellos en el Sur y de hecho piensan que muchos de los comportamientos locos de la Tierra mejorarían si de plano nos deshiciéramos de la vieja y gastada señora de la noche y la sustituyéramos por una luna marca pasos como burlonamente los el Sur califican al satélite falso.

La verdad es que nadie está seguro de que la tierra acepte a la luna marcapasos del todo y la verdad es que la tierra cada que aparece su luna vieja, su Sureña, aunque sea loca y desdentada o vistiendo harapos parece como si la tierra saltara de contento, como si la lluvia fuera más fresca, los cielos más despejados, la vida más simple y plena. Son cortos ezos periodos y aunque raros, el Sur no ha querido deshacerse de su Hermosa y eso, aunque está latente el peligro de que vuelva a surgir otro egoísta que nos rapte lo que queda de nuestra loca de nuestra locura y sin eso quién sabe dónde fuéramos a parar.

Pero así somos aquí, no nos importa el polvo ni los gritos destemplados de los niños cuando la ven desaparecer por mucho tiempo del cielo, pienso que nosotros merecemos esa luna caprichosa que tenemos y en el fondo creo que estamos tan enamorados de esa inestable-de sus súbitas y mágicas apariciones y desapariciones-que ya no estaríamos a gusto con otra cosa.

Pienso que también nosotros hemos enloquecido y no nos importa ni la mugre, ni las guerras, ni los muertos que siguen arrastrándose como uvas, ni el subdesarrollo, mientras de vez en cuando ella siga apareciendo en el cielo, no como era antaño, sino como esa luna loca que es para mi más Luna que nunca, caprichosa, estrafalaria. Tan pronto aparece la mitad de su parte visible pintada de rojo y blanco -Luna punk- como se cuelga a los lados sendos aretes de aerolitos, o aparece de día con una banda en la cabeza, muy sixties.

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