Por: Julieta Libera Blas
Es un nuevo inicio y, como fénix, renaceré de las cenizas y no dejaré que nadie me pare.
Xavier Wilson.
Amables y queridas lectoras:
Hemos iniciado el año 2025 y aunque ya tenemos catorce días en ello les quiero contar la historia del origen de La Rosca de Reyes. No sin antes compartirles la hermosa historia de Raquel y Alfonso; él era panadero, ella ama de casa. Tuvieron seis hijos; aquello de “Hasta que la muerte los separe” en ellos fue real, su matrimonio duró sesenta años. Uno de los hijos de este matrimonio es mi tío, esposo de la hermana de mi mamá.
Hace muchos años, y recordándolos como cada seis de Enero, al llegar a la casa de mi mamá Carmelita y de Don Reyes, el aroma suculento a pan nos llevaba corriendo hasta la casa de mi tía Gloria. Al entrar, don Alfonso se encontraba preparando la masa para elaborar la rosca. Los saludábamos entusiasmados, ambos nos recibían gentiles y amorosos, sus sonrisas parecería que inundaban toda la cocina. Él amasaba mientras yo lo miraba sorprendida porque para esas horas, casi las dos de la tarde, ya tenía en el horno más de una rosca. El día seis en casa de mis abuelos se celebraba el cumpleaños de Don Reyes, el Día de la Enfermera por mi madre que lo había sido por mucho tiempo, el Aniversario de bodas de mis padres y la dicha de partir la rosca con toda la familia.
El aroma del pan en el horno es una dicha inexplicable, cada año recuerdo a don Alfonso y a doña Raquel con gran cariño. Don Alfonso en algunas ocasiones me dio la oportunidad de esconder al Niño Jesús dentro de la masa para que cuando fuera el momento indicado, alguien se llevara a casa su bendición con la promesa que el día 2 de Febrero llevara los tan anhelados tamales. Siendo una niña miraba sin gracia ni gusto, cómo adornaban aquel pan exquisito con el acitrón, siendo honesta en aquel entonces ni por error los probaba pero a mi madre le encantaba comerlos. En aquel entonces nos preguntábamos por qué no podían ponerle otra cosa a la rosca, quizá chocolate, mermelada, nueces, avellanas. Sin saber que años después existirían diversidad de sabores para degustar el Día de Reyes –por cierto a muy altos precios-, algunas de exquisito sabor, otras no tanto.
La maravilla del día 6 de Enero es la reunión de la familia, el embeleso de estar juntos y compartir el momento cuando cada uno de nosotros con suma expectación y alegría, cortábamos un pedazo de la rosca con el deseo de no descubrir al niño pues representaba llevar los tamales el Día de la Candelaria. Más allá de eso, es llevarnos la dicha y la bendición del Niño Jesús, para que arrope nuestros días lo más tranquilo y mejor posible. De aquellos días, cuando era una niña, aparte de mirar debajo del Árbol de Navidad los presentes que los Reyes Magos nos dejaban por nuestro “aparente” buen comportamiento y excelentes calificaciones, era saber que mi abuelo cumplía años y que ese día, sí o sí los vería, lo cual me llenaba de regocijo. La cálida bienvenida de mis abuelos, ver a mi familia reunida y mirar con inquietud cómo se elaboraba la rosca me llevaba a imaginar que en algún momento de mi vida lo podría hacer con esa libertad y dicha como lo hacía don Alfonso, que al fallecer dejó ese vacío y esa nostalgia por lo maravilloso que era verlo sonreír mientras los demás aguardábamos el momento para comerla acompañándola de café de olla o de chocolate hecho por mi mamá Carmelita; días eternos que nunca morirán en mi memoria.
Este año cortamos la Rosca de Reyes, recordando a don Reyes, festejando un Aniversario más de mis padres que han estado juntos por varios años: casi una vida completa. Festejar la dicha de que mi madre hubiera sido una enfermera entregada a su profesión, a sus pacientes. Ver a mi familia emocionada al cortar la rosca, esperado a que el Niño Jesús se descubra. Este año no tuve esa suerte, quizá para el próximo enero tenga esa dicha, esa bendición como dice mi madre. Una rosca ya no hecha por las manos de don Alfonso sino una con relleno, con frutas secas porque el acitrón ya está prohibido o al menos de eso me enteré hace algún tiempo. Mis hermanos y yo, siempre buscamos partirla en donde se encuentra la costra de azúcar. Entre risas y vítores abrazamos la idea de que siempre estaremos reunidos cada seis de enero, no importa el tiempo o la ausencia, siempre seremos cinco, siempre, como dice aquel poema.
Espero que en sus hogares o en el buen lugar donde hayan estado partiendo o degustando la tan esperada Rosca de Reyes, les hayan caído muchas bendiciones, excusa perfecta para reunirse con la familia, abrazarnos el alma y convivir para que cuando sintamos que no tenemos fuerzas para continuar, nuestra memoria nos conecte en donde hemos sido felices. Supongo que como seres humanos, una de nuestras mayores glorias es saber que pese a todo siempre existirá algo que nos haga esbozar una sonrisa.
Hace tiempo don Alfonso y doña Raquel –a quien recuerdo como una mujer dulce, alegre, gentil y amorosa-, espero que la memoria no me engañe, al menos sé que dentro de mis recuerdos así era ella, al menos mi primo, su nieto, así me lo confirma –fallecieron, pero cada seis de enero los recuerdo con un cariño inmenso, deseando que su reposo en la eternidad sea a lado de Dios-. Tal vez si existe un mundo paralelo, nos estén aguardando para recibirnos con una rebanada de rosca, y podamos percibir una vez más el aroma tan único y delicioso a pan y que nos hacía sentir cierta alegría y esperanza por comerla y pedir que sea un año colosal.
DATOS CURIOSOS
¿Cuál es el origen del roscón de Reyes? Al parecer todo proviene del Imperio Romano, en aquel tiempo la mejor manera de pasar el tiempo era mirando la bóveda celeste, la misma que hoy podemos ver. Ellos disfrutaban del goce al observar las estrellas pero dentro de esos gustos también era de admirar al planeta Saturno, cabe destacar que al hacerlo no sólo miraban estrellas y planetas sino ubicaban a sus dioses. Al hacer esto se les ocurrió celebrar al dios Saturno, llamándole “fiestas saturnales.” Pero, ¿qué celebraban? Los días más largos después del solsticio de invierno. La fiesta duraba siete días, cada día era una algarabía sin igual, llena de gozo, banquetes e intercambio de regalos. Todo comenzaba en el templo de Saturno, el dios más importante para los romanos antes de la llegada de Júpiter. Durante aquellos días los esclavos eran liberados para que disfrutaran al igual que los demás. Por ejemplo: el esclavo tomaba el lugar del patricio y éste tomaba el lugar del esclavo. Estos días a decir verdad estaban llenos de desenfreno.
El roscón de Reyes
Su origen proviene de la primera rosca que se elaboraba durante estos días. Hecha con higos, dátiles y miel. El azúcar era difícil de conseguir pues tenía un gran valor, así que la suplían con miel[f1] . Ésta se repartía entre plebeyos y esclavos; cada día mejoraron agregándole más frutas y mejor presentación. Para el siglo lll D.C a dicha rosca se le agregaba un haba seca. ¿El premio? A diferencia de nuestra época, consistía en nombrar al afortunado “Rey de Reyes” durante este tiempo. En el siglo XI llegaron las fiestas cristianas, la cual se celebraba el día 6 de Enero, y llevaba por nombre “El rey del Haba” ésta fue la precursora de la actual epifanía cristiana. Consistía en escoger al niño más pobre del pueblo, lo coronaban como “El rey de la Epifanía”, durante estos días lo llenaban de obsequios, se le consentía, vestía y alimentaba. Al mismo tiempo, en cada hogar se celebraba la misma fiesta pero en familia, partiendo un roscón. Dentro de ésta se le escondía una judía, un haba, alguna moneda o un objeto pequeño. Quien tuviera la fortuna de obtener el premio ese día en la mesa era el rey. A pesar de los siglos esta costumbre se tiene arraigada en la mayoría de los hogares, como si fuéramos niños la disfrutamos con harta alegría y emoción. Ha sido una sorpresa saber que al mirar el mismo firmamento, Saturno fue el afortunado de darle forma por su aro a nuestro roscón o rosca de Reyes.
Más datos curiosos del Roscón de Reyes
Su origen se encuentra en Europa, en varias regiones se acostumbra a alimentarse con pan en la época navideña. En Italia se comparte en familia el consumo de un pan llamado Panetone. En Francia se cocina un pan llamado Bûche de Nöel que tiene forma de tronco el cual recuerda al Árbol de Jecé. Este árbol se menciona en la Biblia y se refiere a la profecía que dicta que un descendiente del Rey David reinará sobre Israel, la cual recayó en Jesús. En la misma Francia pero en el siglo XVI se comía un pan en forma octagonal con una semilla escondida, quien descubría la semilla tenía que comprometerse a dar una fiesta o comprometerse con alguien. La gente ni tarda ni perezosa optó por tragarse la semilla, esconderla o tirarla, todo disimuladamente. Al notar aquello se hizo el cambio a un objeto como anillos, dedales o imágenes pequeñas de porcelana del Niño Dios.
En Bélgica en el siglo XV se introdujo la costumbre de comer un pastel el día 6 de enero, éste llevaba por dentro un haba o un frijol, quien descubría estas semillas era proclamado Rey del frijol o Invitado de honor.
En España se hizo el pan en forma de corona la cual se ofrecía al Niño Dios para reconocerlo como El Rey de Reyes. Las frutas cristalizadas representan las joyas de la corona. En sus inicios la rosca era redonda pero por el gran número de invitados y por el tamaño de los hornos se decidió cambiarla a su forma ovalada y más grande.
En México fue introducida por los misioneros para que se celebrara el día 6 de enero. La figura del Niño Jesús recibió un nuevo significado recordando que sus padres María y José, lo escondieron de la orden del Rey Herodes que provocó la matanza de inocentes. Nuestra tradición al encontrarla, además de recibir bendiciones, nos compromete a ofrecer una tamalada que se debe de compartir el día dos de Febrero, día de la Candelaria.
Si les tocó la fortuna de sacar la figura del Niño Dios, váyanse preparando para la siguiente reunión, comer a gusto y brindar por más y mejores tiempos.
¡Gracias por la lectura, sean dichosos!
[f1] Griegos y romanos no utilizaban el azúcar como alimento, sino que la consideraban medicina


