hoja en blanco 30

Las calles de nuestras vidas: Sueño de una calle llamada Regina.

Por: Julieta E. Libera Blas.

La memoria no es lo que recordamos,
sino lo que nos recuerda.
La memoria es un presente que nunca acaba de pasar.
Octavio Paz.

Queridas lectoras, amables lectores:

Recuerdo que mi primo se casó a medio día en la Parroquia Regina Coeli hace tiempo pero mi memoria no guardó aquella ceremonia como un tesoro invaluable, está registrado en mi mente porque de alguna manera sé que sucedió y sé que me divertí en su fiesta; los novios se veían felices y plenos, después sólo la distancia nos abrazó y el olvido nos bendijo. Sé de aquellos fines de semana en que acompañada de mis padres recorríamos juntos esa calle laberíntica, mi papá estacionaba su camioneta blanca inmaculada casi enfrente de la parroquia. Atesoro con cariño y gratitud aquellas tardes en que la vida por un par de horas se convertía en un sinfín de historias llenas de un hilo rojo de encuentros. Amigos queridos que han convertido mis días en algo más llevadero. Si las bancas de madera de algunas cafeterías de Regina hablaran, todas nuestras historias se develarían como si a una virgen se le callera el manto que cubre su rostro. En estos tiempos en que la discreción y privacidad se han convertido en una especie de animal en extinción, los secretos tienen la suerte de sobrevivir apenas unos segundos como un suspiro.

Esta calle siempre me ha sido fascinante, sus árboles y palmeras que te abrazan como intentando robarte tu tiempo para que mires a tu alrededor y aprecies los siglos en los que caminas con enfado y premura. El cielo algunas veces es tan azul que te permite sentarte un segundo para respirar con calma. En otras ocasiones la lluvia te arranca de la realidad tan súbitamente que los recuerdos se convierten en un desencuentro con lo aparentemente olvidado. La memoria no debería ser aquello selectivo y que se borra como si fuera un error, debería de honrarse por más doloroso que sea pero, ¿quién soy yo para indicar lo que se debe de hacer con la memoria? Cada centímetro de esta hermosa calle seguramente guarda en nosotros aquel momento en que la vida por alguna razón nos era menos caótica y mucho más placentera.

Esta calle que termina en 20 de Noviembre además de ofrecernos varios restaurantes, bares, cafeterías, bullicio, colorido sinigual, música estruendosa, vendedoras que te insisten en comprar flores hechas a mano sólo para que terminen dentro de una maceta de tu jardín, quemadas por el sol, empapadas del rocío de la madrugada. Niños que se sacuden la tristeza intentando venderte dulces, cigarros o palanquetas. El teatro Regina del INBA que juega a ser moderno con sus paredes grafiteadas con esmero y orgullo, el ajetreo de sus alumnos, las risas, la premura, la música que arrulla el alma y la exageración para ser y estar, como debe de ser.

Street Art: La familia Burrón.

Sueño de una tarde de domingo en el callejón del Cuajo fue creado por Guillermo Heredia conocido como Sr. Niuk cuando murió Gabriel Vargas. Heredia reunió a unos 12 estudiantes de su taller de arte y la familia Burrón apareció en uno de los murales más coloridos y significativos de la calle Regina.

¿Recuerdan el mural de Diego Rivera llamado Sueño de una tarde Dominical en la Alameda Central? ¿Recuerdan el escandalo que provocó que un grupo de estudiantes conservadores rasparan dicho mural para borrar la frase Dios no existe y que por ende el arzobispo se negó a bendecir el lugar? En ese mural Rivera se representa como un niño paseando en la Alameda Central junto a unos cien personajes emblemáticos a través de 400 años de historia. En el mural podemos apreciar a La Catrina, Posada, Frida, Manuel Gutiérrez Nájera, Porfirio Díaz, José Martí, Cortés, Sor Juana Inés de la Cruz, Zapata, Juárez, Madero y demás personajes importantísimos para nuestra historia. En el mural de Heredia podemos apreciar a Doña Borola, don Regino, Macuca, El Tejocote y Foforito pero también a Carlos Monsiváis con su gato, Carlos Montemayor, Gabriel Vargas y demás personajes que día con día desde 2012 son testigos del ir y venir de los transeúntes que sin voltear a verlos en tan festivo mural saben que de alguna manera son parte de la historia de la cultura popular del país.  

La familia Burrón fue creada por Gabriel Vargas y retrataba a una familia mexicana caótica, quizá extravagante, tal vez genuina y vivaz, que se enfrentaba como todos nosotros, a problemas cotidianos.

¿Quién fue Gabriel Vargas?

Nació en Tulancingo Hidalgo el día 5 de Febrero de 1915. Fue un historietista destacado quien ganó el segundo lugar en el Concurso Internacional de dibujo en Osaka, Japón en 1930. Rechazó una beca que le ofrecía el INBA que lo llevaría a Paris, su “excusa” trabajar en el periódico Excélsior, a sus 17 años ya era jefe del Departamento de Dibujo. 

La familia Burrón

Hace ya algunos años mientras me reía viendo Los Simpson mi papá, que regresaba por la noche de su trabajo, se detuvo a mirar el programa conmigo. De pronto me dijo que ese programa era una copia de la Familia Burrón, a lo cual yo le respondí con una mirada de desconcierto y desaprobación. En menos de cinco minutos mi mamá se unió a la conversación diciéndome exactamente lo mismo, defendiendo a los Burrón Tacuche a capa y espada. Me contaron que esta familia vivía en una vecindad de la Ciudad de México ubicada en el Callejón del Cuajo número chorrocientos chochenta y choncho. Pero la cosa no paró ahí, me presentaron a sus integrantes: don Regino “El Tejocote” Burrón, peluquero y dueño de la peluquería El rizo de Oro. Borola Tacuche de Burrón, Macuca ¨La Pecocha” Burrón Tacuche, el niño Fóforo Cantaranas quien fue adoptado por los Burrón, ya que su papá Susano Cantaranas era un consumado borracho y su perrito llamado Wilson. Todos ellos y más personajes conformaron desde 1948 hasta el año 2009 la representación de una familia de clase baja de la Ciudad de México. Una familia llena de ocurrencias y poseedora de un gran corazón. Sus acciones podrían llegar a ser impropias, tal cual hace Doña Borola, al tener negocios turbios a espaldas de su marido don Regino para poder presumir sus abrigos de piel o su ropa de moda porque según ella “le rasguña al gasto” y supongo también para llevarles el pan a la boca.

Mientras escuchaba a mis papás hablar de los Burrón, de mirar a mi madre recordar cuando compraba las historietas y las leía atenta a lo que haría esa familia en esa nueva entrega, me compartió con un dejo de tristeza que si bien había sido poseedora de una gran colección, cuando se hubo desposado con mi papá las perdió todas en la mudanza. Percibí en mis padres cierta añoranza de aquellos años en los que de alguna manera la vida era más amable y cordial, en donde una historieta te hacia el día sin necesidad de exponer tu vida o todo tu tiempo como ocurre hoy en día con las redes sociales. Cuando mis hermanos y yo éramos pequeños nos levantábamos lo más temprano posible los fines de semana para jugar durante el mayor tiempo posible antes de irnos a visitar a nuestros abuelos, la mayoría de las veces nos encontrábamos con la grata sorpresa de recibir una caja llena de comics que un paciente de mi papá le regalaba, éste trabajaba en la Editorial Novaro. Aquellos fines de semana si bien no era leyendo La Familia Burrón sí era imaginándonos mundos al lado de Superman, Los cuatro Fantásticos, Periquita, Riqui Ricón, Tarzán, Fantomas, Susy “secretos de corazón”, Batman, Súper Ratón, Gasparín, Archi, La pequeña Lulú y demás personajes que nos llenaron la infancia, así como los Burrón lo hicieron con las infancias de algunos de nuestros padres.

Datos curiosos…

  • En 2004 el Servicio Postal Mexicano emitió una estampilla como parte de la serie “La caricatura en México” ilustrada con Borola Tacuche.
  • El Sistema de Transporte Colectivo “Metro” emitió un boleto conmemorativo.

El día 25 de mayo de 2010 murió don Gabriel Vargas a los 95 años de edad, dejándonos como herencia a una familia singular y sinigual.

Este corredor nos lleva de la mano con su escándalo y su calma aparente, con su colorido y su candor como pocas calles que tiene el Centro de la Ciudad de México. Caminar sin parar, caminar observando cada casona convertida en vecindad o en algún restaurante o tienda, mirar cada ventana y puerta que ha sobrevivido al paso del tiempo, lejano de la modernidad que en ocasiones ha destruido sin conservar su belleza. Una calle donde reinaba el caos vial y que ahora nos invita a mirar lo bella que es, su lucidez que contagia y crea imágenes en nuestra mente de cómo se vería el convento en su tiempo y momento, quiénes caminarían en ese lugar, cuántos amaban y cuántos otros huían de un buen amor sólo para embarcarse de nuevo al viejo mundo.

Una calle espectacular que vale la pena andar apreciándola, soñando en cómo se abrirían esas puertas gemelas que anunciaban que el convento era exclusivo para mujeres o imaginar el campanario y su repiqueteo. Una calle que adoptó un bello nombre que sólo guarda silencio cuando la madrugada la envuelve como si el sueño comenzara para tejer de nuevo su historia y cuando la lluvia cae sobre esta calle pareciera un espejo en donde eternamente nos reflejaremos.

Gracias por la lectura, ¡Sean dichosos!

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