martes 06

Una loca con medias de red

Por Marco Antonio Guerrero Hernández

“En el amor todo es cuestión de tiempo. No es bueno encontrar a la persona adecuada demasiado pronto o demasiado tarde”.
2046
Dir. Wong Kar Wai, Hong Kong, 2004

En el pasado la forma de conocer a alguien y entablar amistades o relaciones amorosas se daba mediante alguna reunión, personas que conocen a otras personas y se iban formando cadenas entre amigos y conocidos.

La llegada de internet y el surgimiento de las redes sociales han venido a cambiar la manera de vivir y de acercarnos a la gente.

Esta es una de esas historias de como conocí a alguien que marcó una parte de mi vida.

Un día de tantos recibí una solicitud de amistad de una chica de nombre Jess. Di clic para aceptarla como contacto; inmediatamente le mandé mensaje para preguntar de dónde me conocía o quién le había pasado mi contacto. Ya que por cuestión de seguridad mantengo mi perfil restringido.

-¿No eres amigo de …? Así mencionó a tres o cuatro sujetos.

Yo no tenía relación alguna con los muchachos que ella decía.

-Perdóname entonces me equivoqué, en seguida te doy de baja.

Yo contesté:

-No te preocupes, está bien quédate si quieres, siempre es bueno conocer gente nueva.

Se hizo de noche y nos quedamos en esa conversación por chat. Pude enterarme que recién había egresado de la universidad con la carrera de diseño gráfico, su edad y una referencia de dónde vivía. Y de la misma manera le conté de mi trabajo, de mi casa, etc.

Ese sería el inicio de una amistad que prometía futuro. En esos días tenía el turno vespertino, de dos treinta de la tarde a once treinta de la noche. La hora de llegada a casa oscilaba entre las doce y media y la una de la madrugada.

Así que mientras cenaba prendía mi PC para escuchar música y ver las novedades de las redes, con mi café a un lado; después de la primera charla con Jess se hizo habitual que le mandará mensajes todas las noches, una hora o dos de conversación y a dormir porque al siguiente día me esperaba una jornada más.

Fuimos descubriendo que teníamos mucho en común, platicábamos acerca de libros ya que ella también era una lectora voraz. Descubrí su fascinación por leer a algunos de mis  escritores favoritos: Poe, Baudelaire, Bukowski, Stoker, Sade sólo por citar a algunos, incluso me dijo que una vez dentro de sus tareas en la universidad tuvo que hacer una presentación con diapositivas de un texto de H.P. Lovecraft, un poema que yo había leído hacia tiempo.

Cada noche después del trabajo las charlas se extendían a veces nos sorprendía el amanecer entre colillas de cigarro y mucho café. Intercambiábamos ideas de cine, literatura y música. Yo le contaba sobre mis sueños de ser escritor.

Se fue dando lo que para mí fue inevitable, Jess despertó en mí una pasión desbordante que se alimentaba de esas noches de conversación. A ella parecía gustarle también y de a poco surgieron coqueteos de ambos lados. Me decía:

-¿Sabes? Mi papá dice que estoy loca. Ja, ja, ja, ja.

-Tal vez tenga razón Jess y seas una “loca con medias de red”

-¡Wow, viniendo de ti es un halago que me bautices y tomo con honor que me pongas ese apodo.

-Yo solo soy un cazador de relámpagos Jess… Y te vi.

La siguientes noches me conectaba y esperaba sus mensajes, cuando no veía acción de su parte era yo quién enviaba un saludo para iniciar la velada con ella.

Unas noches después le presentaría un poema que había hecho pensando en ella, le gustó mucho y me decía que se sonrojaba al pensar que era mi loca con medias de red.

Pasaron los meses y un día me pidió algo:

-Quiero que escribas una historia en donde yo sea la protagonista. Tengo unos amigos que están haciendo cortometrajes y me gustaría que adaptáramos ese escrito.

 -Jess ¿Sabes lo que me estás pidiendo? Por lo regular las personas que aparecen en mis historias tarde o temprano terminan involucradas conmigo de otras maneras.

-No importa, puedo con esa responsabilidad, la acepto.

Mi corazón  dio un vuelco, sin conocerla en persona mi pecho estaba por reventar. Ella era la mujer adecuada para mí, la chica con la que siempre había soñado. Me había enamorado ya de esa “pilla”.

Las noches que siguieron a eso fueron llenas de piropos y coqueteos mutuos y subidos de tono, cuando supo que Caifanes era mi banda favorita me dedicó “Nos vamos juntos”. Ya envalentonado le pedí una cita para vernos en vivo. Ella aceptó pero puso sus condiciones. Tenía que ser en un lugar llamado “La hija de los apaches” famoso por los pulques curados.

Yo empezaba a poner manos a la obra en el texto que me había pedido, porque quería llevarlo terminando el día de la cita. Ella me dijo que tenía que terminar sus trámites de titulación, eso le tomaría un par de meses. Yo prometí esperarla.

Una noche después del trabajo llegué a casa, encendí el ordenador para buscarla. Me contestó pero con un mensaje muy escueto.

-Me voy a alejar por un tiempo, mi ex regreso y quiero retomar algunos proyectos de animación que tenemos juntos, así que me verás conectada pero no diario.

-Está bien Jess, yo estaré aquí para ti siempre que quieras.

Una tristeza profunda me invadió, no tuve otra alternativa más que dedicarme a mi taller de creación literaria y al relato que ella me había pedido.

Un mes después la busqué y descubrí que había dado de baja su perfil, así sin decir adiós. Me volví loco preso de la angustia, ya que nunca le pedí su número de teléfono.

Yo tenía la esperanza de que en algún momento ella me buscara. No lo hizo.

Terminé la historia y la presente en mi taller, el relato que presenté fue estremecedor, puedo decir que hasta hoy en día es el mejor relato que he escrito. Mis compañeros al escuchar la lectura en voz alta se quedaron atónitos, me aplaudieron de pie. Nunca había recibido palmas por escribir. Acabada la clase en esa casa de cultura, salí corriendo al sanitario, no pude contener el llanto mientras me decía a mí mismo.

-“Lo hicimos Jess, lo logré. Ahí está tu historia. Ya te cumplí”.

Decidí cerrar el ciclo sin saber lo que me deparaba el destino.

Seis meses después Diego mi mejor amigo me llamó para salir por un trago,  acordamos vernos en “La hija de los apaches”. El siguiente viernes a las cinco de la tarde. Diego tenía la mala costumbre de llegar una hora tarde como mínimo cada vez que íbamos a beber, así que lo tomé con calma, llegué al sitio, antes de entrar me fumé un cigarro, al darme cuenta de que se tardaría más entré al lugar para pedir una cerveza mientras lo esperaba.

Lo que vi en primer plano me dejó impactado. Era Jess. No podía creerlo, era ella y yo me quedé sin reacción mirándola de lejos por unos segundos. Era mil veces más atractiva que en las fotos que me había enviado y que subía a su perfil. Me temblaba el pulso y mis manos comenzaron a sudar. Ella me vio y permaneció en silencio ya que estaba haciendo una sesión de fotográfica en ese bar. La acompañaban dos tipos

Lo mejor que pude hacer fue salir inmediatamente y mientras prendía otro cigarro saque mi teléfono móvil para llamarle a Diego y pedirle que se apurara, le conté que ahí adentro estaba la chica que me había robado la calma. Después de terminar de fumar regrese adentro y pedí una cerveza, diez minutos después llegó mi amigo, yo estaba hecho un mar de nervios. Pedí otra cerveza y Jess pasó a un lado de nuestra mesa, obviamente me había reconocido. Miraba de reojo para ver mis reacciones.

Yo platicaba con Diego, esperando el momento perfecto para acercarme a ella; me percate que estaban levantando su equipo y se disponían a marcharse. La vi salir. Le dije a mi amigo que me esperara, lo dejé con la palabra en la boca y fui corriendo a buscar a mi “loca con medias de red”.

Ella estaba allí en la salida y grité su nombre:

¡Jess, Jess!

La chica volteó hacia mí y con un gesto altivo respondió.

-¿Quién eres? No te conozco.

Me quise acercar pero uno de sus acompañantes me detuvo con el brazo.

-¡Hey amigo! ¿A dónde vas?

-Ella me conoce- contesté.

Jess le hacía señas al tipo para que me mantuviera a distancia.

-Ella dice que no sabe quién eres.

-Yo te conozco Jess, eres la “loca con medias de red” su rostro cambio y no supo que contestar. Su amigo notó que ella escondía algo en su expresión. Y le dijo:

-Estas mintiendo, ustedes se conocen. En ese momento retiró su brazo y la tomó a ella, quien se resistía a escuchar.

Sólo alguien que ha sentido esos estertores a media noche y esos días en los que contienes la ansiedad para no gritar un amor delirante, es capaz de entender y él decidió interceder por mí. La convenció para que me escuchara unos segundos. Ella aceptó de mala gana mientras el acompañante me advertía a mí que no querían problemas, que me daría la oportunidad de platicar con ella cinco minutos pero si veía una mala actitud en mí no dudaría en usar la fuerza.

Acepté sus términos. Se apartó para dejarme a solas con ella. Cinco minutos que él estaba contando.

-Es tu momento cabrón, vas- me dijo

Desde adentro en la rockola del bar sonaba una canción de los Bunkers:

Ven aquí/ no sabes cuánto te espere/ oh las noches que no me dormí/ no sabes qué es morir después de haber vivido por ti alguna vez/ y no saber qué hacer antes del amanecer/ y yo no sé perder«.

Ella me miraba con gesto de molestia.

-Jess perdón por aparecerme así, se qué no tengo derecho pero…

Así en cinco minutos le dije que había terminado el relato que me había encargado. Que recibió aplausos y buenas opiniones, que me quedé esperando la cita tan anhelada.

Ella por fin me miró a los ojos y dijo:

-Yo ya te había dicho que me iba a ir y ahora no puedo hablar contigo, será en otra ocasión.

Insistí pero encontré un vacío en su expresión. Tomé la poca dignidad que me quedaba y me marché de ahí. La vi  alejarse en silencio. Nunca le susurré que la amaba.

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