Por Marco Antonio Guerrero Hernández
«Sin amor en nuestras almas y sin dinero en el abrigo no podemos decir que estamos satisfechos» los Rolling Stones sonaban en la radio.
Estaba adentro de aquel Plymouth Barracuda ‘68 en el borde del barranco con una botella de vodka y con un porro recién liado.
«A veces cuando pierdes ganas» decía mientras se lamía la sangre seca en el labio inferior. Después de peleas nocturnas en bares clandestinos y el honor mancillado con los puños. «otras veces sólo es necesario un poco más de dolor» o una dosis de aislamiento, locura y trementina.
Viajes a toda velocidad y juegos de ruleta rusa, apuestas no ganadas y ser carne de cañón para los miserables.
El día que la dejo se sintió perdido. En una suerte de baraja ella se quedó sin cartas, sin dinero y puso en juego el único sueño seguro que tenía. Aquella mano no salió como esperaba y él fue ofrecido como infame pago, así que se marchó de ahí. Tomó sus cosas y únicamente pudo conservar un poema de Cortázar: «Manual para salvar al odio» y una Colt 45 en la guantera con una bala en la recámara, porque hay momentos en los que una bala es la mejor confidente; ella y el vodka.
Así que antes de que aquellos hombres lo tomaran en posesión logro huir. Tomó la autopista a toda velocidad implorando que el combustible lo llevará lo más lejos posible, mientras dos autos lo seguían. Uso la desviación y luego fue por una vereda de terracería.
¡Maldita sea! El carro se detuvo. Después de darle unos golpes al volante y maldecir algunas veces¡ Arranca pedazo de porquería, vamos!
Ese parón intempestivo hizo que sus perseguidores le perdieran la pista.
Se quedó ahí unos minutos escuchando la radio «A veces cuando pierdes ganas» repetía.
Esos cobardes nunca lo atraparían.
¡Qué suerte! El coche encendido de nuevo. La libertad no sabe de negocios. Puso la reversa sólo para tomar impulso, unos cuantos metros y luego avanzó.
Y la voz de Jim Morrison en la radio: «Extraños días nos han encontrado y entre sus extrañas horas, vagamos solos. Cuerpos confundidos. Recuerdos maltratados, mientras corremos del día hacia una extraña noche de piedra…«
Un estruendo, llamas y el auto en el fondo del barranco…


