Por Juan de Lobos.
Queridas lectoras, apreciados lectores. Sé que los conceptos “Libertad” y “Esclavitud” son antónimos, de hecho la Real Academia de la Lengua así lo contempla, sin embargo, comprendo que son realmente una especie de retorcido sinónimo. Trataré de explicarme.
Al hablar de libertad y esclavitud, en un entorno social post-post-modernista como en el que estamos viviendo, nos parecen anticuadas las ideas libertarias del siglo XVIII, hemos avanzado hacia una “libertad de ideas sin precedentes”, pero ¿Esto es real? ¿No estamos siendo, en realidad, esclavizados por un ente desconocido y poderoso que nos controla sin que nos demos cuenta siquiera? ¿En verdad qué pesa más la esclavitud o la verdadera libertad? ¿Somos libres porque lo merecemos, porque luchamos por serlo o porque nadie nos quiere esclavizar?
Es obvio que no tengo una respuesta (políticamente correcta) a estos cuestionamientos, pero es importante plantearnos en nuestro entorno cotidiano estas preguntas cada vez que usamos nuestro celular el cual pagamos religiosamente cada semana o cada quince días para poder tener la libertad de contactar con quienes deseamos, aunque este artefacto se vuelva obsoleto en un par de años (si tenemos suerte). Y ese importantísimo contacto y escape de nuestra cotidianeidad, sea imposible de establecer; a menos que compremos otro aparato celular, el cual seguiremos pagando durante años y así ad nauseam. Lo mismo una casa, un auto, una estufa o cualquier objeto, impuesto, o bien de uso.
O qué me dicen de nuestro propio cuerpo, la manera en que nos vemos y pensamos que nos ven los demás. ¿En realidad somos libres de expresar por completo nuestros deseos, nuestros miedos, nuestras alegrías, nuestras aspiraciones? Porque, tal vez, muchas de esas manifestaciones afectarían de manera importante la libertad ajena. ¿Merecemos en realidad hacer que nos acepten a la fuerza o simplemente tenemos que adaptarnos a nuestro entorno social con lo que somos y tenemos?
Sé que no es un tema fácil, la esclavitud es negativa en más de un sentido, sin embargo, le brinda al esclavo cierta seguridad, porque de una u otra manera es parte del patrimonio de un amo, quien a su vez sabe que está obteniendo un beneficio con él. Pero ¿Qué sucede cuando ya no es posible obtener un beneficio de ese esclavo? Todos lo sabemos: una vida humana queda reducida a un despojo inútil, también en muchos casos la vida de una persona libre termina de la misma manera. ¿Es este el camino de todos los esclavos, de todos los seres libres?
No siempre esclavitud es condena
No siempre la esclavitud era una martirizante condena. Algunos esclavos servían al amo y a su familia (a veces también se servían de ellos), otros, después de un servicio ejemplar, eran libertos, emancipados del poder y de la propiedad del amo. Luchaban para obtener esa libertad legal, ese reconocimiento social que te brinda el estatus de “Hombre (Mujer) Libre” y en ese momento comenzaban a luchar de verdad para evitar volver a esa esclavitud, a esa dependencia; luchaban por hacerse responsables de ellos mismos y de sus actos.
¿En verdad deseamos ser responsables de nuestra propia libertad o solamente de la comodidad que nos puede representar? Al respecto, cada uno de nosotros podemos tener una opinión.
El poder hacer, no significa que se deba hacer, la libertad es tan amplia y sombría como la esclavitud, eso se los puedo asegurar. ¿Qué diferencia hay, además de la crueldad e insensibilidad, al dedicarse a un trabajo de ocho a doce horas diarias, con un descanso semanal por un salario miserable a vagar por las calles en busca de algo que comer o el gesto de un buen samaritano que te brinda una limosna? ¿Qué te impide viajar, conocer, descubrir, disfrutar, experimentar una nueva sensación, lugar o emoción? Sabemos que la respuesta es un invisible eslabón denominado responsabilidad, leyes, dinero o tiempo de una invisible cadena llamada libertad.
¿Somos libres? ¿Queremos en verdad ser libres? ¿Cuánto nos cuesta nuestra libertad y quién es el que recibe ese pago? ¿Estamos cansados de nuestra esclavitud física, laboral, marital, familiar, social? ¿Qué hacemos para liberarnos y a quién le pesa esa emancipación?
Somos libres, eso nos dice nuestra Carta Magna, la convención internacional de los derechos humanos. ¿Qué hacemos con nuestra libertad si no es esclavizarnos voluntariamente a vicios, trabajos, situaciones o personas? Siento que es momento de pensar, de sentir y/o respetar las cadenas ajenas y propias en espera de un rayo liberador o una amazona portando un gorro frigio y una antorcha empuñada en su diestra.
En un extraño contrasentido, también nos convertimos en esclavistas de nuestros propios afectos, querencias, deseos y compañías, de nuestros momentos y conocimientos, creencias y esperanzas, nos volvemos en amos mezquinos de arrogantes esclavos de nuestras necesidades y metas.
La recomendación
Les comparto mi recomendación semanal, queridos lectores, queridas lectoras, y siéntanse libres de aceptar o no esta sugerencia.
Del escritor, locutor, periodista Luis Spota, “Casi el paraíso”. En donde nos platica las aventuras y desventuras del Príncipe Ugo Conti, un estafador quien embauca a toda la alta sociedad mexicana postrevolucionaria.
Esta novela, no solamente retrata de una manera increíble a la sociedad, a los objetivos e impulsos de un personaje interesante, vulnerable, carismático y encantador; también nuestra necesidad de sentirnos parte de algo importante, de ser considerados y reconocidos, esa esclavitud de la vanidad que nos rompe la ilusión como una burbuja de jabón. Es muy interesante y a pesar de haber sido publicada hace más de sesenta años, como iremos descubriendo a través de la lectura, continúa mostrándonos aspectos de nuestra sociedad que aplican muy bien en esta convivencia social actual, carente y ávida de valores y reconocimiento.
La esclavitud, para el esclavo, puede ser una auténtica distopía o, asumiendo con resignación su destino, una amarga utopía, para el amo también.
Quedo de ustedes.
El bueno será siempre libre aunque sea esclavo;
y el malo será esclavo aunque sea rey.
Marco Valerio Marcial. Poeta latino.
*El contenido de este texto no contiene I.A. y fue creado de acuerdo a los antiguos cánones de la escritura, a partir de un tema, un conocimiento previo, investigación y redacción.


